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Un ejemplo a seguir


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Hay personas que inspiran, que lideran desde el ejemplo, de las cuales uno aprende mucho. Me encantan las biografías de personas que cambiaron el mundo. Y es por eso que hoy quisiera salirme del libreto. Aprovecho este espacio que para reconocer a la persona que me ayudó desde siempre, mi padre (aprovechando que hoy cumple 83 años), porque su vida calza exactamente con la razón de ser de este blog, su vida es un ejemplo constante de ideas para vivir mejor para miles de personas.

¿Y qué lo hace único? Unos valores y principios inquebrantables sobre los que nunca predicó, los practicó. Mi padre siempre representó para mi el modelo de la prudencia, la sabiduría para tomar decisiones, el esfuerzo para dar todo lo que llevamos dentro para ganar, el trabajo bien hecho cueste lo que cueste, y la perseverancia para terminar lo se que empieza en el tiempo acordado.

Sembrador de paz y alegría. Su sello diferencial es su increíble capacidad de darse a los demás un día si y otro también. Una capacidad envidiable de enfrentarse a la adversidad, que no faltó ni falta en su vida, de vivir con ella, y cuando la vida más lo tienta, más sale a flote su capacidad de fabricar una respuesta y estar a la altura de las circunstancias. Se dobla pero no se parte, vuelve a su estado natural. Una personalidad serena, que solo viaja al pasado para aprender de él, y al futuro para medir los riesgos, pero no se queda en tiempos irreales y siempre vuelve al presente, sabe que su futuro depende de lo que haga hoy. Quizá su mejor secreto para no caer en depresiones (la enfermedad de moda).

No le regalaron nada, todo se lo ganó a fuerza de dos palabras: trabajo duro. En medio de una sociedad que premia los atajos, premia “a los vivos”, él siempre me recuerda que nada hay realmente gratis en la vida, que todo lo que vale, exige sacrificio y que el que la sigue la consigue. Con los años, aprendió a combinar el sentido del deber laboral, con lo que yo llamo “estar en la foto” de la familia, es decir, pasar más tiempo con nosotros, conocer más de cerca nuestras alegrías, miedos, retos, “estar allí”.

Ahora que vivimos los tiempos del Facebook y las conversaciones por whatsup, recuerdo que no tienen punto de comparación con aquellas conversaciones que teníamos de padre a hijo sobre los problemas y dudas que siempre le confié y que lo sigo haciendo. Recuerdo que lo buscaba para que me de respuestas y el me contestaba con preguntas. Las preguntas de la vida que cada uno tiene y debe hacerse. Y es que, como decía Peter Drucker, el error más común es hacernos las respuestas correctas en lugar de las preguntas correctas.

Pero bueno, quien es Abraham Zavala Stanbury, ¿Sólo el padre ejemplar de 4 hijos? ¿Y el esposo bueno, comprometido, el hijo amoroso y preocupado siempre por sus padres, el médico que atendió gratis y siempre con una sonrisa (su principal abrepuertas) a muchísimos pacientes, el amigo que iluminó y fue ejemplo de muchas personas, el profesor que enseñó mucho más que ser médico, el hermano que siempre adivinó las necesidades de su familia.? Que difícil encasillarlo en un solo personaje!

Ahora solo falta que le imitemos. A lo mejor el remedio de la des aceleración por la que estamos pasando es el que él practica a diario en su consultorio y en su departamento: trabajo bien hecho, amor por lo que hace, responsabilidad, sacrificio, buen humor, paciencia y no dar ninguna batalla por perdida (ni aun perdida). Justo lo contrario de lo que venimos haciendo. Y así nos va.

Eres un ejemplo para una sociedad carente de espejos donde mirarse, reconocerse, aceptarse y crecer. Gracias, gracias, gracias!

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